QUITO / BOGOTÁ. Las relaciones entre Colombia y Ecuador han entrado en una espiral de confrontación sin precedentes modernos. El gobierno de Daniel Noboa anunció que, a partir del 1 de marzo, el arancel para los productos colombianos subirá al 50%, una medida que profundiza el conflicto iniciado hace un mes y que responde a la reciente decisión del presidente Gustavo Petro de aplicar un gravamen recíproco del 30%.
Lo que comenzó como una disputa por la seguridad fronteriza ha escalado a una guerra arancelaria que pone en jaque un intercambio comercial de 3.000 millones de dólares anuales.
Ecuador justifica este incremento extremo bajo «criterios de seguridad nacional». El Ministerio de Producción ecuatoriano señala directamente a Colombia por una supuesta falta de efectividad en el control del narcotráfico en la frontera común. Noboa exige una «corresponsabilidad conjunta» y utiliza el arancel como herramienta de presión política.
- 21 de enero: Noboa impone el primer arancel del 30%.
- Febrero: Ecuador aumenta el costo del transporte de crudo colombiano por el oleoducto SOTE (de 3 a 30 dólares por barril).
- 24 de febrero: Colombia responde igualando el arancel al 30% a 23 partidas y suspende la venta de energía eléctrica (vital para la crisis energética ecuatoriana).
- 26 de febrero: Ecuador anuncia el salto al 50% de arancel.
La economía ecuatoriana, tres veces más pequeña que la colombiana, enfrenta un riesgo mayor. Se estima un golpe de 5 millones de dólares semanales para el sector industrial de Ecuador, afectando a unas 580 empresas y poniendo en peligro cerca de 40.000 empleos.
Productos en la línea de fuego:
- Desde Colombia: Medicamentos, automóviles, azúcar y motores.
- Desde Ecuador: Alimentos marinos, aceite de palma, arroz y madera.
Uno de los puntos de fricción es el déficit comercial de Ecuador frente a Colombia, que ronda los 1.000 millones de dólares. Noboa ha expresado su malestar por esta balanza desfavorable, mientras que los exportadores colombianos ven cómo su sexto destino de ventas se vuelve cada vez más inaccesible.
“Ecuador se ve en la obligación de adoptar acciones soberanas frente a la falta de medidas concretas en seguridad fronteriza por parte de Colombia”, dictó el comunicado oficial de Quito.
Hasta el momento, la Casa de Nariño en Bogotá no ha emitido una respuesta oficial, pero se prevé que Petro mantenga la línea de reciprocidad, lo que podría llevar los aranceles a niveles que harían inviable el comercio legal entre ambas naciones, fomentando el contrabando por pasos informales.

