10 Feb 2026, Mar

Crónica desde la selva: Los Comandos de la Selva y la «guerra sin fin» contra la cocaína

PUTUMAYO / CATATUMBO. En el corazón de la Amazonía colombiana, el estruendo de los helicópteros Black Hawk marca el ritmo de una batalla que parece no tener fin. Los Comandos de la Selva, una unidad de élite entrenada originalmente por el SAS británico, operan en un ciclo infinito de destrucción: aterrizan, queman un laboratorio de cocaína y despegan para buscar el siguiente.

A pesar de que el gobierno de Gustavo Petro reporta cifras récord en incautaciones (2.800 toneladas en los últimos tres años), la ONU señala que la producción de cocaína se ha disparado a niveles nunca vistos. Este contraste ha tensado las relaciones con la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump ha llegado a calificar la situación como un fracaso del gobierno colombiano.

El ciclo de la destrucción

Para el mayor Cristhian Cedano Díaz, un veterano con 16 años en el frente, la realidad es amarga. Un laboratorio destruido hoy puede ser reconstruido a pocos metros en menos de 24 horas.

«Estamos afectando la rentabilidad, pero la guerra podría no terminar durante mi vida», admite el mayor, cuya unidad destruye fábricas de droga cada 40 minutos.

La base de la pirámide: El drama del campesino

Al otro lado del conflicto, en las montañas del Catatumbo, la perspectiva cambia. Agricultores como «Javier» (nombre protegido) explican que el cultivo de coca no es una elección criminal, sino un mecanismo de supervivencia. Con cinco hijas que alimentar y sin alternativas económicas reales, Javier procesa pasta base en chozas improvisadas bajo la sombra de la guerrilla (ELN y disidencias de las FARC).

  • El dilema moral: Javier admite que su cosecha puede causar daño en el exterior, pero afirma: «Si quieres sobrevivir, no puedes permitirte pensarlo».
  • La crisis del mercado: Irónicamente, incluso los pequeños cultivadores sufren; las guerras territoriales entre grupos armados han paralizado las compras de pasta base, dejando a familias enteras en la miseria.

Un conflicto de oferta y demanda

Mientras Colombia pone los muertos y la destrucción ambiental, las autoridades locales insisten en que el problema es global. Con el consumo disparado en Europa (donde la cocaína es la segunda droga más popular), erradicar la oferta en la selva parece una tarea de Sísifo si no se reduce la demanda en las ciudades del primer mundo.

La «guerra sin fin» continúa en un empate técnico: los comandos ganan batallas diarias quemando laboratorios, pero la selva, impulsada por la necesidad y la codicia global, vuelve a pintarse de verde coca al día siguiente.

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